HODIO
Declaración propia de intenciones:
A medida que cumplo años, más me doy cuenta de la importancia de la sociedad, de sus derechos y de sus libertades. No es que me considere un puro libertario anarquista, ni mucho menos, pero sí un tecnólogo autodidacta preocupado por la falta de conocimiento general en áreas de suma importancia.Sin querer parecer conspiranoico, el objetivo de este artículo es exponer los usos de la tecnología en detrimento de nuestra libertad, los cuales permiten a los entes de control —entre los que se encuentran, por supuesto, nuestros gobiernos— ejercer una mayor asfixia sobre nosotros, dirigiendo nuestro sino como si de un rebaño de ovejas se tratara.
Hodio ya vigila lo que escribes en redes habiendo nacido en un campo de fútbol
El 11 de marzo de 2026, en la Galería de las Colecciones Reales de Madrid, Pedro Sánchez presentó Hodio. Es el primer sistema estatal español para medir el discurso de odio en redes sociales. Lo llamó herramienta «de referencia internacional». El nombre es un acrónimo. Significa Huella del Odio y la Polarización. El presidente prometió que la herramienta serviría para «sacar el odio de la sombra» y «exigir responsabilidades a quienes no actúan».
Un ministerio crea una herramienta nueva contra el racismo digital. Casi ningún titular mencionó un dato que cambia bastante el relato. El sistema llevaba funcionando más de un año bajo otro nombre. Y el dueño original de su motor de análisis no es una agencia pública ni una universidad. Es LaLiga, la patronal del fútbol profesional español, que construyó ese motor para proteger la imagen de sus futbolistas antes de que el Estado le encontrara un segundo uso. Quien haya seguido el debate sobre el futuro de la privacidad reconocerá el patrón, el mismo que ya documenté al analizar el centro de mando de Axon Fusus.
Esta guía se ha escrito repasando la nota de prensa oficial del Ministerio de Inclusión, la nota metodológica de FARO, los boletines trimestrales de OBERAXE de 2025, un reportaje técnico de bandaancha.eu y la normativa europea de servicios digitales.
Qué es Hodio y qué mide
Hodio mide contenido público en cinco redes sociales: Facebook, Instagram, TikTok, X y YouTube. Lo clasifica como discurso de odio o no. Y publica indicadores sobre su prevalencia, su viralidad y la reacción de cada plataforma ante los avisos. El propio Ministerio resume el proceso así: combina «análisis cuantitativo, inteligencia artificial y revisión experta» para, según su nota oficial, «garantizar la precisión del análisis y el respeto a los derechos fundamentales».
La tecnología del anuncio de marzo ya operaba desde 2024. Lo verdaderamente nuevo es el calendario y la función que se le añade ahora. Cada seis meses se publicará un informe con un ranking de plataformas. Las ordenará según cuánto discurso de odio dejan circular y cuánto retiran después. Esos rankings, según explicó Sánchez en el propio acto, se convertirán en «la base para definir las futuras sanciones». El coste de difundir odio, dijo, tiene que ser legal. También económico. Y ético, añadió, como tercer elemento de una lista que hasta marzo de 2026 no existía en el proyecto.
La herramienta se aloja dentro del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia, OBERAXE. Es un organismo dependiente de la Secretaría de Estado de Migraciones. Llevaba dos décadas publicando estudios sobre discriminación antes de que nadie le pidiera vigilar redes sociales en tiempo real.
De la grada de fútbol al despacho ministerial
La tecnología que hoy vigila el discurso de odio de todo un país nació en 2023 dentro de LaLiga, con un propósito que era proteger a futbolistas y clubes del acoso racista en redes. La herramienta se llamó MOOD, Monitor de Observación de Odio en el Deporte. La propia LaLiga la describió como un motor que «rastrea todas las plataformas». Analiza el lenguaje con «un motor semántico con más de 50.000 reglas lingüísticas y algoritmos de inteligencia artificial». Puntúa cada mensaje de 0 a 10, según las emociones detectadas, la temática, el volumen de menciones y su viralidad.
Es, en definitiva, un actor privado construyendo infraestructura de vigilancia con su propia lógica comercial.
Javier Tebas, presidente de LaLiga, supervisa ese sistema desde lo que la prensa especializada llama su sala de guerra. Lo usa también para medir cómo repercuten sus bloqueos de direcciones IP contra la piratería deportiva. «Nosotros estamos monitorizando redes sociales, X, toda a la vez, Telegram, todos los canales, y vemos el ruido social que hay», explicó en una entrevista recogida por bandaancha.eu. El propio Tebas ha contado que ese ruido, en alguna ocasión, hizo que se levantara un bloqueo. Ocurrió cuando afectó a una web institucional, la de la RAE.
En octubre de 2024, el Gobierno y LaLiga firmaron un convenio de colaboración. Tres años de duración, prorrogables por otros cuatro. Con él, la tecnología de MOOD se cedió al Ministerio de Inclusión. Un equipo de ocho personas construyó FARO a partir de esa base: Filtrado y Análisis de Odio en las Redes Sociales, adaptado a las cinco plataformas ya mencionadas. FARO operó bajo ese nombre técnico durante todo 2025, publicando boletines trimestrales sin demasiado ruido mediático. En marzo de 2026 el Gobierno le cambió el nombre a Hodio y lo presentó en el Foro Contra el Odio.
El sistema que hoy alimenta un debate nacional sobre libertad de expresión pasó sus primeros 18 meses de vida puntuando insultos a futbolistas en una red social, con el mismo código y probablemente parte del mismo equipo técnico.
| Sistema | Quién lo creó | Propósito original | Qué mide hoy |
|---|---|---|---|
| MOOD | LaLiga, 2023 | Odio y racismo contra futbolistas y clubes | Sigue activo en el ámbito deportivo, propiedad de LaLiga |
| FARO | OBERAXE, 2024, con tecnología cedida por LaLiga | Discurso de odio racista y xenófobo en redes | Boletines trimestrales, aún vigentes bajo ese nombre técnico |
| Hodio | Ministerio de Inclusión, marca pública desde marzo de 2026 | Vigilancia estatal del odio con vocación sancionadora | Rankings semestrales de plataformas, base de futuras sanciones |
Qué hace exactamente el clasificador
El sistema, según la nota metodológica de FARO citada por el propio Ministerio a través de bandaancha.eu, «se conecta a las API oficiales de las distintas plataformas de forma directa». Analiza el contenido «en tiempo real», usando «un modelo de clasificación con más de 100 categorías». Esas categorías combinan reglas semánticas heredadas de MOOD con modelos de inteligencia artificial. Su trabajo es inferir la temática, la emoción y la intención detrás de cada mensaje.
El equipo humano no revisa todo. Revisa una muestra de los resultados, y esa muestra sirve sobre todo para entrenar de nuevo al modelo con ejemplos frescos. El aviso ya cuenta en las estadísticas oficiales del boletín trimestral, y nadie lo mira caso por caso antes de que se publique. Pocos medios repararon en esa distinción durante la cobertura de marzo. La cifra de cada boletín es, en su mayor parte, la decisión de un clasificador automático.
Por ahora la herramienta solo procesa texto. El propio Ministerio reconoce que trabaja para ampliar el filtrado automatizado a publicaciones basadas en imagen, vídeo o audio. Eso deja fuera del radar, de momento, buena parte del contenido que hoy domina TikTok y los reels de Instagram: el formato corto en vídeo, distinto del texto plano que el sistema sí procesa por ahora.
Hay una web pública donde puede verse el sistema trabajando casi en directo, con un contador de mensajes que se actualiza por días. Ya funciona hoy, aunque pocas personas fuera del sector la conocen.
Lo que muestran los boletines de 2025
Antes de que existiera la marca Hodio, FARO ya llevaba un año publicando boletines con cifras concretas. Aquí los junto por primera vez, trimestre a trimestre.
Entre abril y junio de 2025, el sistema detectó 184.096 contenidos de discurso de odio reportables. El 73 % apuntaba contra personas del norte de África. Las plataformas retiraron un 34 % de lo notificado. TikTok encabezó la lista con un 49 % de retirada. YouTube apenas se movió, con un 1 %. El propio boletín desglosaba también el tono: un 88 % usaba lenguaje agresivo explícito, y solo un 12 % recurría a la ironía o al lenguaje en clave.
La cifra subió con fuerza en el trimestre siguiente. 331.817 mensajes, un 80,2 % más que en el trimestre previo, según el cálculo que hice cruzando ambos boletines oficiales de OBERAXE. El salto se concentró en julio. Coincidió con los disturbios de Torre Pacheco, tras la agresión a un anciano por parte de un grupo de jóvenes marroquíes, y con la cobertura mediática del centro de acogida de menores de Hortaleza. El objetivo del odio subió al 79 % dirigido al norte de África. Y la retirada de contenido mejoró a un 45 %.
120.990 mensajes: esa fue la cifra del cuarto trimestre, una media de 1.300 al día, un 63,5 % por debajo del trimestre anterior. El frente migratorio, dominante hasta entonces en los boletines de OBERAXE, cedió terreno. El giro fue hacia lo geopolítico y lo deportivo: la interceptación de la flotilla solidaria a Gaza, el aniversario del 7 de octubre y, en diciembre, la concesión del Balón de Oro a Lamine Yamal, que por sí sola generó un repunte medible de mensajes con trasfondo futbolístico.
Las plataformas retiraron un 51 % del contenido notificado, seis puntos más que en el trimestre anterior. Facebook llegó al 66 % de retiradas. YouTube reclamó un 98 % de eliminación automática, según los propios datos que las plataformas cedieron a OBERAXE por primera vez para ese boletín. Un 7 % de los mensajes de ese trimestre tuvo como detonante el deporte, la huella más visible de que el sistema nunca dejó de mirar también hacia el fútbol.
Sumando solo el tercer y el cuarto trimestre, que en la práctica son los dos que un futuro informe semestral de Hodio habría cubierto si la marca hubiera existido entonces, el total llega a 452.807 contenidos de odio detectados en seis meses. Es elaboración propia: ningún boletín oficial suma estos dos trimestres. Lo hice yo, cifra por cifra, y repetí la cuenta dos veces para no fiarme de la primera.
La media de retirada de todo 2025, según el propio boletín del cuarto trimestre, cerró en un 41 %. Seis de cada diez mensajes que el sistema del Estado marca como odio siguen en pie meses después de haber sido señalados.
Quién más vigila
Desde julio de 2025 existe un Grupo de Trabajo sobre Discurso de Odio en Redes Sociales. Lo impulsó la propia ministra de Inclusión. Participan de forma estable todas las grandes plataformas, la Secretaría de Estado de Migraciones, LaLiga y el Departamento de Seguridad Nacional, la DSN.
La presencia de LaLiga tiene sentido, dado el origen de la tecnología. La de la DSN merece una pausa. El Departamento de Seguridad Nacional depende de Presidencia del Gobierno. Coordina la respuesta ante amenazas que afectan a la seguridad del país en su conjunto, un terreno bastante alejado de la discriminación cotidiana en redes sociales. Su presencia en esta mesa, antes de que se dicte ninguna sanción firme derivada de Hodio, sugiere algo que el propio Gobierno no ha dicho en voz alta. El discurso de odio dejó de tratarse como un asunto exclusivamente social hace ya un tiempo. También se encuadra como una cuestión de seguridad nacional.
Compartieron mesa el alto representante de la ONU para la Alianza de Civilizaciones, Miguel Ángel Moratinos, que aplaudió públicamente la iniciativa, y responsables de políticas públicas de TikTok, Google y Meta, que debatieron junto al director de OBERAXE sobre moderación y corresponsabilidad compartida. El ministro para la Transformación Digital, Óscar López, resumió la postura oficial en una frase. Para él, regular no tiene por qué restar competitividad al sector.
El CIFAS también vigila
En agosto de 2025, el Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas anunció que usaría inteligencia artificial para monitorizar redes sociales y la dark web. Pocos medios lo relacionaron con Hodio en su momento, aunque los dos anuncios llegaron con pocas semanas de diferencia. El CIFAS depende del Estado Mayor de la Defensa, no del Ministerio de Inclusión, y su actividad no se publica en boletines periódicos como los de OBERAXE. Su objetivo declarado es la contrainteligencia militar, un terreno distinto del que persigue OBERAXE.
No hay fuente pública que confirme si el CIFAS y OBERAXE comparten infraestructura, datos o proveedores, y no doy ese vínculo por hecho sin pruebas concretas que lo respalden. Sin embargo, España tiene, desde 2025, dos sistemas de vigilancia de redes sociales impulsados por el Estado, con objetivos declarados distintos y construidos casi al mismo tiempo. Ninguno de los dos tiene todavía una ley propia que lo regule.
¿Encaja HODIO?
España no necesitaba crear Hodio para cumplir con el Reglamento europeo de Servicios Digitales, la DSA. Ese reglamento ya obliga a las grandes plataformas a moderar contenido ilícito y a ser transparentes sobre sus sistemas de recomendación. Hodio es una capa nacional añadida sobre esas obligaciones europeas. Es una decisión propia del Gobierno español, tomada al margen de cualquier mandato que llegue de Bruselas.
El Comité Europeo de Protección de Datos publicó en septiembre de 2025 sus primeras directrices sobre la interacción entre la DSA y el RGPD. Recuerdan que cualquier tratamiento de datos personales derivado de la moderación de contenido necesita un fundamento legal válido y debe ceñirse a lo estrictamente necesario. Hodio procesa, en teoría, solo contenido público, lo que limita el problema de protección de datos frente a lo que ocurriría si analizara mensajes privados. El límite es parcial. Un mensaje público sigue vinculado a una cuenta identificable, y un ranking semestral que además alimenta sanciones económicas le da a ese vínculo un peso legal que antes no tenía.
Más allá del anuncio político, no encontré ninguna norma publicada que fije el procedimiento sancionador que Sánchez prometió en marzo. Sin ese texto sobre la mesa, es pronto para hablar de qué garantías procesales tendrá quien sea señalado por Hodio.
Por dónde puede crecer Hodio
A corto plazo, lo más probable es que el sistema deje de limitarse al texto. El propio Ministerio ya ha anunciado que trabaja para cubrir también imagen, vídeo y sonido. El día en que un clasificador entrenado para leer insultos escritos aprenda a puntuar memes y vídeos cortos, el volumen bajo vigilancia se multiplicará, y de momento nadie ha anunciado una ley que crezca al mismo ritmo.
Sánchez ya insinuó otra dirección semanas antes del lanzamiento, durante su visita a Emiratos Árabes Unidos. Habló de responsabilidad penal directa para directivos de plataformas que no retiren contenido de odio. Eso convertiría los rankings semestrales de Hodio, hoy un ejercicio de transparencia comparativa, en la prueba documental de un proceso sancionador con nombre y apellido al otro lado.
Además, el Gobierno ya trabaja en otras piezas parecidas, como la verificación de edad y la prohibición de redes sociales a menores de dieciséis años. Cada una nació para resolver un problema distinto, con su propio equipo y su propio calendario, pero todas necesitan, en el fondo, identificar cuentas y clasificar contenido a gran escala. Tarde o temprano suele salir más barato juntar esas piezas que mantenerlas separadas.
Y queda el escenario más incómodo para quien defienda Hodio con buena fe. LaLiga sigue siendo dueña del código original de MOOD.
Mantiene sus propios intereses comerciales sobre esa tecnología, empezando por sus bloqueos de IP contra la piratería deportiva, que ya han generado litigios con Cloudflare y quejas de hospitales que se quedaron sin acceso a sus propias webs por error. El día en que el Estado necesite ampliar, modificar o auditar en profundidad el motor que decide qué es odio en España, seguirá dependiendo de la buena voluntad de una patronal deportiva para acceder a su propia caja negra.
Preguntas Frecuentes sobre HODIO
Hodio es el sistema del Gobierno de España para medir el discurso de odio en redes sociales, presentado por Pedro Sánchez el 11 de marzo de 2026. Combina inteligencia artificial, reglas semánticas y revisión humana para clasificar contenido público en cinco plataformas y publicar rankings semestrales sobre su prevalencia y su retirada.
La sigla significa Huella del Odio y la Polarización. Técnicamente es la marca pública del sistema FARO, que el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia ya operaba desde 2024 con tecnología cedida por LaLiga. El cambio de nombre añadió un calendario de informes cada seis meses. Y añadió la promesa explícita de que esos rankings servirán de base para futuras sanciones a las plataformas que no retiren contenido con suficiente rapidez.
Sí, con matices importantes. FARO es el nombre técnico del sistema que opera dentro de OBERAXE desde 2024. Hodio es la marca con la que el Gobierno lo presentó públicamente en marzo de 2026, con una función sancionadora añadida que FARO nunca tuvo mientras trabajó puertas adentro.
Los boletines trimestrales con las cifras de 2025 que cito en esta guía se publicaron bajo el nombre técnico FARO, antes de que existiera la marca pública Hodio. No hay indicios de que vaya a existir un sistema técnico distinto o paralelo. El cambio afecta al nombre visible, al calendario de publicación semestral y a las consecuencias legales anunciadas, no al motor de clasificación que analiza cada mensaje por debajo.
Solo contenido público. Según la documentación oficial, el sistema analiza publicaciones visibles en Facebook, Instagram, TikTok, X y YouTube, sin entrar en mensajes directos, grupos cerrados ni conversaciones privadas entre usuarios. Tampoco procesa, de momento, contenido en imagen, vídeo o audio: solo texto escrito.
Esto reduce, aunque no elimina del todo, las implicaciones de protección de datos personales. Un contenido público sigue vinculado a una cuenta identificable con nombre, foto y perfil visible para cualquiera. Un mensaje marcado como odio puede alimentar tanto el ranking de la plataforma en la que se publicó como, en el futuro, un expediente sancionador contra la propia plataforma por no retirarlo a tiempo, según lo anunciado por el Gobierno en marzo.
Por ahora no. Los rankings de Hodio miden y sancionan a las plataformas, no a los usuarios individuales que publican los mensajes. El objetivo declarado es presionar a las redes sociales para que retiren más contenido, no abrir expedientes personales contra quien escribe.
Eso podría cambiar si se aprueba la responsabilidad penal para directivos de plataformas que Sánchez anunció en Emiratos Árabes Unidos, aunque esa vía tampoco apunta al usuario individual, sino a quienes gestionan las redes desde dentro. La legislación concreta que regularía sanciones a personas físicas por mensajes puntuales no está publicada todavía, hasta donde he podido verificar en fuentes oficiales.
Comparten origen tecnológico, sin relación operativa directa entre ambos usos. El motor de Hodio, FARO, se construyó a partir de MOOD, la herramienta que LaLiga usa contra el odio a futbolistas, la misma infraestructura que Javier Tebas emplea para medir el efecto de sus bloqueos de direcciones IP.
No hay evidencia pública de que los bloqueos de contenidos deportivos y la vigilancia estatal del discurso de odio compartan sistemas de ejecución. Comparten, eso sí, el mismo motor de análisis del lenguaje que alimenta ambos usos, y el mismo despacho desde el que Tebas supervisa su funcionamiento diario. Esa coincidencia no implica que el Estado tenga acceso directo al código fuente de MOOD, solo que ambos sistemas comparten un antepasado técnico común y, probablemente, parte del mismo equipo de desarrollo original.
No. Hodio es una iniciativa nacional del Gobierno español, sin equivalente idéntico en el resto de la Unión Europea, aunque convive con el Reglamento de Servicios Digitales, la DSA, que sí impone obligaciones de moderación a todas las grandes plataformas en toda la Unión.
Ningún otro Estado miembro ha anunciado, hasta la fecha, un sistema con el mismo diseño institucional: tecnología cedida por una patronal deportiva, gestión desde un observatorio de racismo y xenofobia, y vocación sancionadora explícita anunciada por el propio jefe del Ejecutivo en un foro público. Si otros gobiernos europeos replican el modelo, probablemente lo harán con infraestructura propia, no con el código heredado de una liga de fútbol española.
Depende de qué se entienda por censura y de cómo se implemente el procedimiento sancionador que todavía no existe en forma de ley publicada. En resumen, depende del uso que se le dé, no de la tecnología en sí, y de si ese procedimiento llega a publicarse con garantías reales.
El riesgo real no es que el Gobierno mienta sobre sus intenciones declaradas. Probablemente las cumpla en la mayoría de los casos. El riesgo es más silencioso. Un clasificador automático diseñado en origen para fines comerciales, sin auditoría pública conocida, podría terminar decidiendo qué mensajes acarrean un coste legal para quien los escribió, con las categorías y los umbrales fijados por quienes construyeron ese código para un fútbol, no para una democracia.